Tras décadas desaparecido, el icónico reloj Seiko vuelve a su lugar en el centro de Temuco
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Luego de 26 años, y coincidiendo con el fin de semana del Patrimonio, el reloj japonés que llegó a ser un símbolo de la ciudad fue repuesto en la intersección de Bulnes y Montt, esto gracias a un trabajo mancomunado que involucró a equipos municipales, vecinos y un nonagenario relojero local.
En una emotiva ceremonia llena de nostalgia, pero también de optimismo de cara a los 150 años de Temuco, fue reinstalado el recordado reloj marca Seiko, regalado por dicha empresa nipona a la ciudad allá por 1986. Ícono del centro de la capital regional durante el final del siglo pasado, volvió a ser erguido en la intersección de calles Bulnes y Montt, terminando de este modo con 26 años de ausencia durante los cuales se desconoció su paradero.
Este hito patrimonial encabezado por el alcalde Roberto Neira ha sido posible gracias a una gestión mancomunada que involucró a vecinos, funcionarios municipales, un destacado relojero local y al concejal Mario Jorquera, impulsor de esta iniciativa que busca recuperar parte de la historia de la ciudad y de la identidad de quienes vivieron ese Temuco de los ’80 y ’90.
Tras descubrir el restaurado reloj, el alcalde Roberto Neira destacó que Temuco “camino a sus 150 años está buscando diferentes detalles para resaltar su historia, y esta fue una propuesta del concejal Mario Jorquera, que la llevó a sesión del Concejo Municipal, y que movilizó a funcionarios municipales que inmediatamente buscaron este reloj que había sido retirado para el año 2000 y que estaba completamente extraviado”.
El jefe comunal resaltó ante los medios presentes que “hoy día ven ustedes a nuestras espaldas se encuentra instalado un reloj histórico en la ciudad que se donó por parte de la empresa Seiko a varias ciudades de Chile y hoy día no queda ninguno en funcionamiento, salvo a partir de hoy este”, complementando que “este es el primero que vuelve a estar en funcionamiento y con ello recuperamos parte de la historia de la ciudad, una historia quizás no tan antigua pero no menos importante, porque en 1986 Temuco era muy diferente al de hoy”.
Neira hizo hincapié en que “lo clave acá es que estamos trabajando para recuperar el centro de la ciudad”, aprovechando también de agradecer a la electrónica Gempp “porque nosotros buscamos en todas partes de Chile quién podía reparar esto, y la respuesta la teníamos aquí en nuestra propia ciudad, una empresa regional, histórica, instalada en General Mackenna como es Electrónica Gempp, quien ha hecho funcionar nuevamente este reloj, ahora con un panel solar que esperamos que nunca deje de proveerle de la energía necesaria para seguir dándonos la hora muchísimo tiempo más”.
En búsqueda del reloj perdido
El concejal Mario Jorquera, quien en su momento llevó este tema ante sus pares en el Concejo Municipal y coordinó las gestiones para lograr su recuperación y restauración, expresó su emoción al ver que la recolocación del reloj “es una realidad y es una alegría inmensa, no solamente para mí, sino que para todos los vecinos que plantearon esta iniciativa. Hay que recurrir a la historia para poder mirar el futuro. Y recurrir a la historia significa recuperar patrimonio que es importante de la ciudad”.
Cabe destacar que, ante el interés de Jorquera, el primer paso fue ubicar el reloj, ya que desde su retiro un ya lejano año 2000, había pasado una significativa cantidad de tiempo, con el consecuente recambio de funcionarios al interior del municipio. Había entonces que seguir las pistas y tirar del hilo, para lo cual fue necesario recurrir a varios trabajadores municipales que aún guardaban en su memoria aquel reloj japonés.
Jorquera agradeció “al alcalde por haber acogido esta solicitud en el Concejo Municipal para primero ubicar el reloj y posteriormente para repararlo. Agradecerle también a la persona que lo reparó, que tiene noventa y siete años. Es un temuquense que tiene una empresa y que afortunadamente logró ponerlo en funcionamiento. Esto revive la historia patrimonial de Temuco hacia las futuras generaciones”, señaló el concejal, quien destacó la presencia de una delegación de estudiantes del Liceo Gabriela Mistral, quienes llegaron a presenciar la ceremonia de revelación.
Si bien, dada su avanzada edad y estado de salud, el experto relojero a quien el concejal Jorquera hacía alusión, don Horst Gempp no pudo asistir al hito, sí pudieron acudir en su representación trabajadores de su empresa, Electrónica Gempp, encargada de la reposición. En ese rol estuvo presente William Lasso, quien relató cómo fue el proceso de restauración: “Nos contactaron y la verdad, siendo honesto, cuando lo vi por primera vez tuve muchas dudas de que fuese posible repararlo. No le tenía mucha fe al proyecto porque el reloj estaba muy deteriorado”. Sin embargo, el tesón y la expertís pudieron más: “Buscamos, buscamos y buscamos hasta que dimos con la solución”, contó.
Un reloj con mucha historia
La historia del reloj Seiko tiene que ver con la estrategia de poder blando del pujante Japón de los años ’80, que buscaba proyectar al mundo una imagen de potencia industrial y tecnológica consolidada, plenamente integrada a las dinámicas económicas y productivas de Occidente, dejando atrás el doloroso pasado del imperialismo, la Segunda Guerra Mundial, las bombas atómicas y la ocupación estadounidense.
Durante los años 70 y 80, Japón vivía el auge de sus exportaciones tecnológicas. Marcas como Seiko, Sony, Toyota y Casio comenzaron a penetrar con fuerza en América Latina, incluyendo Chile. En ese contexto, Seiko desarrolló una estrategia de presencia urbana y reputacional en distintos países.
De este modo, en 1986 la empresa Hattori Seiko donó una serie de relojes urbanos monumentales a distintas ciudades chilenas. Estos relojes fueron instalados en plazas, costaneras y centros cívicos, convirtiéndose rápidamente en hitos urbanos y puntos de encuentro ciudadanos.
De acuerdo con los registros más fidedignos de la época, las ciudades que recibieron dichos relojes fueron Curicó, Talca, Puerto Montt, Coyhaique, Punta Arenas, Copiapó, Los Ángeles, San Fernando, y por supuesto Temuco, donde ocupó distintas ubicaciones en el centro de la ciudad. Estuvo en Prat con Claro Solar, luego en calle Bulnes, hasta que un día allá por el año 2000 desapareció y nadie volvió a verlo.
Muchos de estos relojes eran solares o eléctricos de carácter monumental, diseñados con una estética futurista para la época y fueron ubicados en lugares céntricos, como por ejemplo, en Curicó frente a la iglesia de La Matriz, o en la costanera de Puerto Montt.





