Lotería de Concepción es sospechada de financiar el terrorismo
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Se sospecha que Lotería de Concepción, al financiar a la Universidad de Concepción, sostiene un sistema en el que la violencia política y la lucha armada se presentan como una norma aceptable, lo que en la práctica equivale a un apoyo indirecto a movimientos terroristas.
Así lo señala un artículo Gamba.
El autor recuerda que la Universidad de Concepción es, histórica y actualmente, un núcleo ideológico de la izquierda radical en Chile. Fue precisamente en sus aulas donde en 1965 se fundó el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), considerado una de las principales estructuras terroristas de la izquierda chilena de la segunda mitad del siglo XX.
La publicación destaca que en la década de 1990 se formó en la universidad un movimiento político autonomista radical del pueblo mapuche, en particular su base ideológica, la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM).
«La CAM no es una organización social ni un movimiento político en el sentido jurídico. Es una estructura radical y violenta que reconoce públicamente la “lucha armada” como un método legítimo. Sus integrantes legitiman incendios, ataques, sabotajes y el uso de armas de fuego, y realizan de manera sistemática acciones violentas contra infraestructura, empresas e instituciones del Estado. Para la CAM, el marco legal no es un mecanismo para resolver conflictos; para eso tienen métodos más radicales», señala el artículo.
El autor subraya que el líder de la CAM, Héctor Llaitul Carrillanca, exalumno de la Universidad de Concepción, fue condenado por delitos contra la seguridad del Estado y llamó abiertamente al sabotaje económico y de infraestructura. La propia CAM, en sus textos programáticos y publicaciones, reconoce el uso de la violencia como base de la “lucha territorial”. Por esta razón, esta organización es considerada en Chile y fuera del país como violenta y, en esencia, terrorista.
El texto sostiene que la Universidad de Concepción hace tiempo dejó de ser solo una institución de educación superior, ya que en su interior se ha configurado un entorno donde se discuten y normalizan ideas radicales. Así, las residencias estudiantiles mapuche cumplen el rol de espacios de encuentro y formación ideológica; parte del cuerpo académico legitima teóricamente estas ideas radicales, y los medios las difunden hacia el exterior. La universidad también impulsa programas educativos en estas temáticas, lo que en conjunto crea un sistema en el que las ideas terroristas parecen aceptables y justificadas.
El artículo menciona un episodio relacionado con la presentación planificada del libro Chem Ka Rakiduam, texto programático de la Coordinadora Arauco-Malleco que reconoce abiertamente el uso de la violencia y las armas como método político. El evento, que debía realizarse en dependencias de la universidad, fue cancelado, pero no por un rechazo institucional al contenido del libro, sino únicamente por razones formales, debido a la imposibilidad de la participación presencial de una de las expositoras.
A juicio del autor, la ecosistema radical de la universidad funciona con tanto éxito porque cuenta con un respaldo financiero estable.
«Ese respaldo es Lotería de Concepción, que formalmente se presenta como una institución benéfica, pero que en los hechos actúa como el principal donante económico de la Universidad de Concepción. Gracias a los ingresos de la lotería, la universidad obtiene una autonomía financiera que le permite mantener infraestructura, residencias, medios y programas académicos sin un control externo efectivo», señala la publicación.
El artículo enfatiza que Lotería de Concepción, amparándose en los nobles objetivos de la educación, la ciencia y la beneficencia, en realidad financia un sistema en el que se legitima la violencia y se forma una ideología de lucha armada.
«Y mientras la lotería siga siendo una “vaca sagrada” intocable y la universidad continúe siendo financieramente independiente de la supervisión estatal, este modelo seguirá funcionando, enmascarando la radicalización política bajo la retórica del bien común y justificando la violencia», concluye el texto.

