Ciencia y Tecnología como base del desarrollo sostenible para las regiones

En el caso de Chile, y en particular de La Araucanía, se torna imprescindible la acumulación de capacidades locales para crear conocimiento, integrar redes epistémicas y adoptar tecnologías foráneas, en un mundo altamente globalizado. Dichas capacidades, deben ser guiadas para lograr procesos consecutivos de innovación basada en ciencia, la que genera saltos disruptivos en el progreso, permitiendo alcanzar estadios superiores de manera acelerada y permanente”.

Progreso, desarrollo y crecimiento han sido empleados como sinónimos, o al menos como conceptos cercanos, detrás de los cuales se encuentra el anhelo de alcanzar una mejor calidad de vida. Sin embargo, este principio no es interpretado de igual forma por toda la sociedad ni en todos los territorios, generando discrepancias, antagonismos e incluso conflictos cuando se debe definir la ruta y prioridades para alcanzarlo. Frente a ello, existen quienes promueven un equilibrio entre el avance económico, social y ambiental, en lo que se ha venido a denominar Sostenibilidad, lo cual ha quedado plasmado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) impulsado por las Naciones Unidas.

A pesar de este gran consenso internacional, las orientaciones y esfuerzos del sector público y privado al interior de cada país no son del todo compartidas, toda vez que existe el tradicional dilema de la “asignación de recursos escasos”. La solución a este desafío podría estar en el aumento de los ingresos, la redistribución del gasto o ambos. Es así como diversos economistas, sociólogos, científicos y políticos han propuesto nuevas formas para alcanzar el desarrollo, lo que, unido a las experiencias en diferentes latitudes, logran ir configurando las claves que estarían detrás del éxito o fracaso de las naciones, tal como lo demostrase Acemoglu y Robinson. Todas estas perspectivas, mayormente de tipo top-down,asumen que el marco institucional y las capacidades locales en ciencia y tecnología, estarían en la base del progreso. 

Las evidencias empíricas confirman que el conocimiento derivado de la ciencia, cuando se transforma en innovación, también denominada innovación basada en ciencia, es fuente de ventajas competitivas en las empresas, acelera el desarrollo de los territorios, contribuye a proveer nuevos bienes públicos, y en general, ayuda a satisfacer las necesidades y expectativas no resueltas por los tradicionales sistemas socio-técnicos. La discusión de los expertos, radica entonces en, si los territorios deben acumular capacidades endógenas, o más bien deben ser seguidores y aprovechar los avances exógenos por medio de la absorción tecnológica. 

Esta disyuntiva vivida por décadas en Chile, lo cual queda en evidencia en sus políticas de ciencia, tecnología e innovación, no posee una solución única, sino más bien su resolución obedece a una combinación de factores que co-evolucionan. En el caso de Chile, y en particular de La Araucanía, se torna imprescindible la acumulación de capacidades locales para crear conocimiento, integrar redes epistémicas y adoptar tecnologías foráneas, en un mundo altamente globalizado. Dichas capacidades, deben ser guiadas para lograr procesos consecutivos de innovación basada en ciencia, toda vez que es precisamente este tipo de innovación la que genera saltos disruptivos en el progreso, permitiendo alcanzar estadios superiores de manera acelerada y permanente. 

Sin embargo, todo este esfuerzo es insuficiente si dicha ciencia e innovación no está altamente conectada con el territorio, desde su concepción hasta su aplicación. Ello permitiría lograr la apropiabilidad de lo creado, captura de valor a nivel local e integrarse en cadenas globales.

Nuevas políticas públicas, reorganizaciones industriales y reestructuraciones sociales comienzan a surgir para innovar, bajo la promesa de lograr cambios acelerados en la dirección deseada, considerando el territorio como base del proceso. Esto ha llevado a replantear la forma, dirección y énfasis que debe tener la ciencia y el desarrollo tecnológico. Ya no solo es suficiente crear riqueza o valor para la industria, sino también para las personas que habitan en el entorno, junto con procurar proveer bienes públicos que puedan ser convertidos en beneficio de todos los ciudadanos.

Precisamente CGNA, entendiendo este puzzle, evoluciona en sus estrategias y modelos de trabajo en ciencia, tecnología e innovación. Los insumos que determinan nuestro quehacer nacen de la combinación de las expectativas y oportunidades de cada territorio, los desafíos y necesidades globales y la realidad local. Todo ello define el constructo de trabajo, el cual se va alimentando dinámicamente con nuevo conocimiento generado por CGNA y sus colaboradores, más la absorción de aquél creado por terceros. Las tecnologías resultantes de este proceso poseen geometría variable y son diseñadas en conjunto con los usuarios, lo que permite modelarlas y ajustarlas a sus requerimientos, así como también a las condicionantes exógenas, haciendo más ágil y eficiente el trabajo. 

Dinamizar el entorno innovador es también parte del desafío que aborda CGNA, caso contrario las creaciones difícilmente lograrían impactos a nivel local, sino más bien, se transformarían en valor más allá de las fronteras territoriales, perdiendo la oportunidad de generar progreso in-situ. De esta forma se promueve el desarrollo por medio de la innovación basada en ciencia, cuyo impacto se ajusta a las expectativas de cada territorio, tanto en dimensión como en orientación, resultando en una combinación entre lo social, ambiental y económico. En otras palabras, un desarrollo sostenible basado en ciencia.